Parte 3: Verdadero Dia

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Parte 3

Rechazar los Mandamientos de Dios es Iniquidad

Todos los que enseñan desobediencia a las leyes y mandamientos de Dios están siguiendo los pasos de Satanás, quien fue el primer quebrantador de la ley. Por eso es que Jesús le dijo a los fariseos que su padre era el diablo (Juan 8:44). Mientras ellos profesan a enseñar y practicar las leyes y mandamientos de Dios, ellos están enseñando y practicando sus propias leyes religiosas y tradiciones en lugar de los mandamientos de Dios. Durante Su ministerio, Jesús condenó a los líderes religiosos del judaísmo por sus tradiciones, que ellos estimaban más que las leyes y mandamientos de Dios. Él lo hizo bastante claro que en observando sus propias tradiciones, ellos estaban rechazando los mandamientos de Dios: “....Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen con manos inmundas? Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.’

“Les decía también, “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, y no le dejáis hacer más por su padre o su madre, invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas” (Marcos 7:5-13).

La mayoría de los que profesan ser cristianos han cometido el mismo error como los judíos fariseos. Muchas denominaciones enseñan que revelación divina está contenida en sus tradiciones e igualmente en las Sagradas Escrituras. En la mayoría de las iglesias, los líderes religiosos enaltecen sus tradiciones a un estatus más alto que la Palabra de Dios. Es evidente que ellos han hecho lo mismo con el Cuarto Mandamiento. Ellos han exaltado su tradición no-bíblica de observar el domingo sobre el mandamiento del sábado de Dios. En rechazando el mandamiento de Dios de santificar el santo sábado, ellos se han hecho quebrantadores de la ley en Sus ojos. Según las enseñanzas de Jesús, ellos son obreros de iniquidad. Igualmente, aquellas iglesias que usan cualquiera forma de ídolos--incluyendo estatuas, retratos, reliquias, iconos u otros objetos simbólicos--están rechazando el Segundo Mandamiento para poder observar su tradición. Porque ellos están quebrantando los mandamientos de Dios, ellos son culpable de practicar iniquidad.

En su primera epístola, el apóstol Juan claramente defina iniquidad: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley, pues el pecado es infracción de la ley” (I Juan 3:4). Aunque esto es una traducción correcta, no demuestra el significado literal del texto Griego. Aquí está una traducción más precisa de las palabras de Juan: “Todo aquel que está practicando el pecado también está practicando el quebrantamiento de la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley.

Practicar iniquidad [quebrantando los mandamientos] es vivir en un estado de pecado, cometiendo pecado como un camino habitual. En otras palabras, iniquidad es el quebrantamiento habitual de las leyes y mandamientos de Dios, cual es pecado. Los líderes religiosos que enseñan y practican iniquidad, aparentan de ser justos porque ellos usan los nombres de Dios y Jesucristo y muchas veces citan las Escrituras. Sin embargo, ellos no son los verdaderos sirvientes de Dios porque ellos rechazan sus leyes y mandamientos.

El apóstol Judas, el hermano de Jesucristo, testificó de el aumento de iniquidad entre las iglesias de su tiempo. Judas entregó una advertencia urgente a los creyentes que rechazaran los maestros impíos de iniquidad, que estaban convirtiendo la gracia de Dios hacia libertad para pecar predicando un falso evangelio de fe sin obediencia, y reemplazando los mandamientos de Dios con tradiciones que tenían su origen en el antiguo paganismo. Nota lo que Judas escribió, “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 3-4).

El apóstol Pedro también advirtió de falsos maestros que rechazarían el camino de obediencia hacia los mandamientos de Dios, tal como enseñados y practicados por Jesucristo. “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató [por rechazando Sus enseñanzas], atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones [exaltando sus tradiciones], por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado” (II Pedro 2:1-2).

Aquellos Que Practican y Enseñan Iniquidad Juzgan la Ley y el Legislador

Aquellos que enseñan iniquidad religiosa no solamente blasfeman la verdad de Dios, sino también juzgan las leyes de Dios en injusticia. En su iniquidad ellos declaran que todas las leyes y mandamientos de Dios han sido abrogadas o inoperantes. Nota: “En verdad, la entera ley de Moisés ha sido hecha inoperante. El mensaje del Nuevo Testamento está claro para aquellos que tienen ‘oídos para escuchar.’ La ley de Moisés entera ha sido hecha inoperante por la muerte del Señor Jesús. La ley, en su totalidad, no tiene más la autoridad inmediata y forense o jurisdicción en absoluto sobre cualquiera persona....Cristo es el final completo y el cumplimiento de todas las leyes, los 613mandamientos, terminando su jurisdicción sobre nosotros completamente” (Tardo, Sunday Facts & Sabbath Fiction, páginas 26-27 [Las Verdades del Domingo y Ficción Sobre el Sábado, páginas 26-27]).

Por juzgar la ley de esta manera, los maestros de iniquidad están rechazando a Dios como el Legislador y no son hacedores de la ley. El apóstol Santiago condena este actitud malvado. Nota: “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?” (Santiago 4:11-12).

No solamente están ellos juzgando la ley de como algo indigno, sino también están, en verdad, juzgando a Dios el Legislador, como indigno. Juzgar a Dios y rechazar Sus mandamientos y leyes y rechazarlo como el Legislador es el epítome de iniquidad. Este actitud de juzgar a Dios y Sus leyes es el espíritu y actitud de Satanás el diablo. Además, es la fundación que ha sido usada para establecer varias religiones que son basadas en las tradiciones y mandamientos de hombres, mientras profesan el nombre de Jesucristo.

El antiguo patriarca Job obedeció a Dios en la letra de la ley. Sin embargo, él estaba confiando en sí mismo y su habilidad de ser justo, en vez de confiar en Dios quién es el Legislador. Él fue presumido e hizo jactancia de su propia justicia, como si él fuese el creador de ella. Su jactancia era tan grande que Dios trajo una prueba grande sobre Job. Después que él fue castigado con sarna de cabeza a pies, su prueba fue más que él podía soportar. Tampoco fueron de ayuda tres de sus cuatro amistades. Ellos no pudieron darle cualquier entendimiento o consuelo. Solamente uno fue fiel a Dios, y ese fue Eliú. Nota lo que le dijo a Job: “Además Eliú dijo: Oíd, sabios, mis palabras; y vosotros doctos, estadme atentos. Porque el oído prueba las palabras, como el paladar gusta lo que uno come. Escojamos para nosotros el juicio, conozcamos entre nosotros cuál sea lo bueno. Porque Job ha dicho: Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho” (Job 34:1-5).

Entonces Eliú le reveló a Job sus pecados. “Que Job no habla con sabiduría, y que sus palabras no son con entendimiento. Deseo yo que Job sea probado ampliamente, a causa de sus respuestas semejantes a las de los hombres inicuos. Porque a su pecado añadió rebeldía; bate palmas contra nosotros, y contra Dios multiplica sus palabras. Prosiguió Eliú en su razonamiento, y dijo: ¿Piensas que es cosa recta lo que has dicho: Más justo soy yo que Dios? (Job 34:35-37; 35:1-2). Después de muchas lecturas largas por sus tres amigos, y las diatribas por Job defendiendo su propia justicia, él deseo que Dios mismo hablara con él. Dios le hizo el favor y le contestó y le reveló su verdadero actitud de juzgar a Dios. Nota: “Respondió Jehová a Job desde el torbellino, y dijo: Ciñete ahora como varón tus lomos; yo te preguntaré, y tú me responderás. ¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?” (Job 40: 6-8).

Este es el mismo actitud santurrón que los obreros de iniquidad hoy tienen hacia las leyes y mandamientos de Dios. Ellos se deshacen del juicio de Dios que Sus leyes y mandamientos son santas, justas y espiritual. En vez, ellos las juzgan de ser malignas y rigurosas, declarado que son una maldición. En hacer esto, ellos también condenan a Dios, para poder establecer su propia justicia en lugar de las leyes y mandamientos justas de Dios. Ellos declaran tal como Job hizo que el domingo es más justo que el santo sábado de Dios.

Además, ya que ellos usan algunas de las Escrituras y retienen algunos de los mandamientos de Dios en su sistema religioso, ellos declaran que su modo va dirigir a una persona hacia salvación. Sin embargo, ellos fallan a realizar que sus tradiciones santurronas, mandamientos, leyes y falsa gracia no les traerá salvación. Este es el mismo error que cometió Job. Ya que Dios, y solamente Dios es el Salvador, Él poderosamente le declaró a Job que su propia justicia nunca lo podía salvar. Nota: “¿Tienes tú un brazo como el de Dios? ¿Y truenas con voz como la suya? Adórnate ahora de majestad y de alteza, y vístete de honra y de hermosura. Derrama el ardor de tu ira; mira a todo altivo, y abátelo. Mira a todo soberbio, y humíllalo, y quebranta a los impíos en su sitio. Encúbrelos a todos en el polvo, encierra sus rostros en la oscuridad. Y yo también te confesaré que podrá salvarte tu diestra” (versículos 9-14).

Finalmente, después que Dios le habló, Job rechazó su propia justicia y se aborreció él mismo y se arrepintió hacia Dios “en polvo y ceniza” (Job 42:6). Esto es lo que las religiones del mundo que profesan ser cristianas necesitan hacer. Ellos tienen que rechazar sus propios caminos que ellos han establecido para ellos mismos y someterse a la justicia de Dios el Padre y Jesucristo. Los “obreros de iniquidad” necesitan parar condenando y juzgando a Dios para poder ser justos en sus propios ojos.

Una inspección de la historia del cristianismo de este mundo demostrará que esto es exactamente lo que ha ocurrido. Ellos han establecido sus religiones santurronas y han rechazado la verdadera justicia de Dios. El verdadero cristianismo, tal como originalmente enseñado por Jesucristo y Sus apóstoles, fue subvertido desde dentro por falsos maestros de iniquidad. Las enseñanzas de estos “hombres impíos” de cual Judas y Pedro escribieron fueron pasadas en las escrituras de los “padres primitivos de iglesia” y fueron aceptadas por la iglesia Romana como tradiciones autoritarias. A través de los siglos la iglesia Romana creció en poder, usando su influencia para deshacerse de cada vestigio de las verdaderas enseñanzas de Jesucristo. Después de una lucha por poder entre el obispo de Roma y Constantinopla, la iglesia se dividió entre las iglesias Romana Católica y Ortodoxa Oriental. Como la influencia de la iglesia Ortodoxa dominó el Oriental, igualmente las enseñanzas de la iglesia Romana Católica amoldo la mentalidad del mundo Occidental entero.

La autoridad de la doctrina Católica y tradición no fue seriamente confrontada hasta el tiempo de Lutero. Cuando Lutero rechazo la corrupción e iniquidad de la Iglesia Católica Romana, él parecía que estaba buscando la verdad de Dios. Él trabajó diligentemente para traducir las Escrituras hacia el lenguaje Alemán para que la gente común pudieran leer y aprender de la Palabra de Dios. Pero la religión que se desarrollo como resultado de las enseñanzas de Lutero, conocido como el Luteranismo, no restauró las verdaderas enseñanzas de Jesucristo. La reforma que Lutero empezó no fue completa, porque él todavía rechazó el Segundo y Cuatro Mandamientos. El resultado fue otra forma religiosa de iniquidad. Lutero declaró que una persona que había sido salvada a través de la gracia de Dios no podría perder salvación, sin tener en cuenta del grado o intensidad de los pecados que sean cometidos. Esta enseñanza perversa es claramente expresada en una carta escrita por Lutero: “Sea un pecador, y hagas tus pecados fuertes, pero que tu fe en Cristo sea más fuerte, y regocije en Cristo quien es vencedor sobre el pecado, muerte y el mundo. Cometeremos pecados mientras estemos aquí, porque esta vida no es un lugar donde la justicia puede existir....Ningún pecado nos puede separar de Él, aunque cometemos homicidio o adulterio mil veces cada día” [Martín Lutero, Carta 99, 1 de agosto 1521].

Las palabras de Martín Lutero revela la profundidad de iniquidad que Judas condeno a cual muchos líderes religiosos han descendido. Esta enseñanza es la epítome de la “gracia” pervertida, que rechaza los mandamientos de Dios y otorgar licencia para cometer pecado sin cualquier limitación. Las enseñanzas de Lutero con respecto de homicidio y adulterio son contrarias a las enseñanzas de Jesucristo, quien magnífico el Sexto y Séptimo Mandamientos para demostrar su aplicación espiritual.

La promoción de iniquidad ha tenido éxito en engañar la mayoría de los que profesan ser cristianos en aceptar una gracia falsa. Tal como el Nuevo Testamento demuestra, esta manera torcida de la gracia de Dios no se dirige hacia salvación. En el día de juicio, los maestros de iniquidad, quienes han sido honrados como los líderes religiosos y han hecho obras en el nombre de Jesucristo serán rechazados: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mateo 7:22-23).

Los obreros de iniquidad serán echados al lago de fuego para sufrir el juicio de muerte eterna, del cual no hay resurrección: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21: 8).

Las enseñanzas de Jesucristo, tal como registrado en Su Sermón en el Monte, tiene la autoridad completa de Dios el Padre. Cuando Jesús enseñó la aplicación espiritual de las leyes y mandamientos de Dios, la gente que lo escucharon estaban asombrados: “Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (Mateo 7:28-29). Cuando verdaderamente entendemos lo que Jesús enseñó, podemos entender que Él estaba dando el significado y aplicación espiritual de las leyes y mandamientos de Dios para el Nuevo Pacto, cual es el estándar espiritual que Jesucristo dio, para que el verdadero creyente pueda obedecer las leyes y mandamientos de Dios en el espíritu de la ley y no en la letra de la ley solamente.

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Updated October 3, 2008