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En ningún lugar en toda la Biblia encontramos una sola escritura que cambie el día de Reposo- Sábado, y el culto del séptimo día de la semana al domingo, el primer día de la semana. Varias escrituras son a menudo usadas por los que guardan el domingo para sostener su creencia de que los Cristianos deben venerar en el primer día de la semana. Sin embargo, cuando esas escrituras son correctamente entendidas e interpretadas, está bien claro que Jesucristo no cambió el día de Reposo del séptimo día de la semana al primer día de la semana. Jesús dijo, “El día de Reposo fue hecho para el hombre..” (Marcos 2:27). Contrario a las enseñanzas de los teólogos de la corriente popular dominante, Dios no ordenó guardar el día sábado sólo a los Judíos. Al principio, Dios creó el día de Reposo, santificando el séptimo día como el día semanal del culto, cuando no había un solo Judío en la tierra. Los únicos humanos en aquel momento eran Adán y Eva, los progenitores de toda humanidad. Fue para toda la humanidad que Dios bendijo y santificó el séptimo día, haciéndolo santo: “ Fueron pues acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo [lectura original del texto Hebreo: “el sexto día”]de toda la obra que hizo; y reposó el séptimo día de toda la obra que hizo; Y bendijo Dios al día séptimo; y lo santificó, porque en él reposo de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:1-3). El séptimo día fue santificado en la creación del mundo. Dios estableció ese día como un tiempo para el descanso y el culto desde el principio. Él lo santificó, lo bendijo, y descansó en él, dando el ejemplo para la humanidad. A través de los siglos, el registro de este acto de Dios ha sido preservado en el libro de Génesis, uno de los libros de la Ley. Recuerde lo que Jesucristo declaró con respecto a la Ley: “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18). Como Dios creó el tiempo, y el tiempo es medido por el movimiento de la tierra en relación a los cielos, el tiempo existirá así como los cielos y la tierra existen. Mientras los cielos y la tierra existan, el séptimo día de Reposo [Sábado], no pasará de la Ley. Consecuentemente, el Cuarto Mandamiento está aún vigente y permanece vinculado a toda la humanidad. Contrario a lo que la Cristiandad popular dominante pueda enseñar o lo qué la gente pueda practicar, el domingo nunca ha sido y nunca será el día del Señor. El séptimo día de la semana, llamado hoy Sábado, es el día de Reposo del Señor. Jesucristo declaró enfáticamente que Él es el Señor del día de Reposo: “También Él les dijo: 'El día de Reposo fue hecho a causa del hombre, y no el hombre por causa del día de Reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aún del día de Reposo“ (Marcos 2:27-28). Jesús mismo declaró que Él es Señor del día de Reposo—el séptimo día de la semana [Sábado]. Por lo tanto, el día de Reposo es el día del Señor—no el domingo. Algunos han mal interpretado que la declaración de Jesús que Él es el Señor del día de Reposo significa que Él estaba aboliendo el día de Reposo por Su autoridad. Esta interpretación de las palabras de Jesús están completamente sin fundamento. Entre los eruditos que entienden que el verdadero significado de estas escrituras, están los escritores del Diccionario Bíblico The Anchor. Note lo que ellos han escrito acerca de estos versos críticos: “ A veces Jesús es interpretado como que ha abrogado o que ha suspendido el mandamiento del día de Reposo en base a las controversias producidas por las curaciones y otros actos hechos el día de Reposo. Un cuidadoso análisis de los pasajes respectivos no parece dar crédito a esta interpretación. La acción de arrancar espigas de grano en el día de reposo por los discípulos es particularmente importante en este asunto. Jesús hace un fundamental pronunciamiento en aquel momento en una declaración estructurada de un paralelismo antitético: ‘El día de Reposo fue hecho a causa del hombre y no el hombre para el día de Reposo (Marcos 2:27). La acción de los discípulos de arrancar el grano infringió contra el rabínico halkhah de diminuta causa en el que estaba prohibido cosechar, trillar, aventar, y moler en el día de Reposo (Sabb. 7.2). Aquí otra vez el rabínico día de reposo halakhah es rechazado, como en otros conflictos del día de Reposo. Jesús reforma el día de Reposo y lo restaura a su correcto lugar como fue diseñado en la creación, donde el día de Reposo es hecho para toda la humanidad y no específicamente para Israel, como es clamado por el Judaísmo normativo (cf Jub. 2:19-20, ve D.3). El subsiguiente logo, ‘El Hijo del Hombre es el Señor aún del día de Reposo (Marcos 2:28; Mateo 12:8; Lucas 6:5), indica que el día de reposo halakhah hecho por el hombre no gobierna el día de Reposo, sino que el Hijo del Hombre como Señor determina el verdadero significado del día de Reposo. Las actividades del día de Reposo de Jesús no son ni dañinas provocaciones ni simples protestas contra las restricciones legales rabínicas, sino que forman parte de la esencial proclamación de Jesús del inquebrantable reino de Dios en el cual el hombre es enseñado el significado original del día de Reposo como el recurrente proleptico semanal 'día del Señor' en el que Dios manifiesta su curación y su salvador gobierno sobre el hombre” (vol. 5, págs. 854-55). Como estos eruditos lo muestran, las narraciones de Evangelio no sostienen la creencia esparcida que Jesús abolió el día de Reposo. Por el contrario, como el Señor del día de Reposo, Él enseñó el verdadero significado del día de Reposo y dio el ejemplo para su correcta observancia. Sus apóstoles continuaron guardando el día de Reposo y enseñaron a los primeros creyentes a guardarlo, como la epístola de Pablo en Hebreos claramente lo demuestra. El apóstol Pablo escribió esta epístola entre los años 62 y 65 d.C., más de treinta años después del inicio de la iglesia del Nuevo Testamento. En su epístola, Pablo lo hace absolutamente claro que el día séptimo de Reposo no había sido abolido. En aquel momento, habían falsos ministros que estaban enseñando que el domingo, el primer día de la semana, había reemplazado al día de Reposo-Sábado. Para contradecir estas enseñanzas falsas, Pablo le dio a los hermanos una sobria advertencia; que rechazar el día de Reposo-Sábado y descuidar el descanso y la veneración a Dios era pecado, así como lo fue para los hijos de Israel en el desierto: “Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. Y otra vez aquí: No entrarán en Mi reposo. Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, otra vez determina un día, ‘Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones. Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un Reposo para el pueblo de Dios” (Hebreos 4:4-9). Pablo no escribió, “Queda un día de Reposo para los judíos.” Él declaró claramente, “Queda un día de Reposo para la gente de Dios.” La gente de Dios incluye a los Gentiles así como también a los Judíos (I Pedro 2:10 y Efesios 2:11-19). Muchos ministros y teólogos han aplicado lo contrario del significado de Hebreos 4:9. Ellos han mal interpretado completamente la traducción del Reina Valera Versión 1960, de este verso, que lee, “Queda por lo tanto un día de Reposo para la gente de Dios.” Ellos enseñan que a los Cristianos ya no se les pide observar el día de Reposo-Sábado porque Jesucristo les ha dado “el reposo” al “cumplir satisfactoriamente la ley” por ellos y con lo cual los libera de guardar los mandamientos. Tal razonamiento es completamente falso. Jesús no cumplió los mandamientos de Dios para liberarnos de la obligación de guardarlos, sino para darnos el ejemplo (I Pedro 2:21-22 y I Juan 3:4). Cuando entendemos el significado del texto Griego, no hay duda que el Nuevo Testamento confirma la autoridad del Cuarto Mandamiento para los Cristianos de hoy. La palabra Griega que es usada en Hebreos 4:9 sabbatismos, que significa “el día de reposo, la observancia del Sábado” (Arndt y Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament). Esta definición de la palabra griega sabbatismos es confirmada por otros trabajos históricos: “Las palabras 'día de reposo’ se traduce del sustantivo griego, sabbatismos, una palabra especial en el NT. Este término aparece también en Plutarco (Superset. 3 [Moralia 166a]) para la observancia del sábado, y en cuatro escrituras Cristianas post-canónicas que no dependen en Hebreos 4:9” (El Diccionario de Bíblico The Anchor, vol. 5, P. 856). La palabra Griega sabbatismos es un sustantivo. La forma del verbo de la palabra es sabbatizo que significa “guardar el día de Reposo” (Arndt y Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament). El significado de sabbatizo es confirmado por su uso en la Septuaginta, una traducción Griega del Antiguo Testamento que data del tercer siglo d.C. Se llama la Septuaginta, que significa “Setenta,” porque los primeros cinco libros fueron traducidos por setenta eruditos que eran Judíos Griego-parlantes en Alexandria, Egipto. La Septuaginta fue usada por los Judíos en las sinagogas a lo largo del Imperio Romano, y por los conversos Judíos Griego-parlantes y los Gentiles en las primeras iglesias del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo cita exclusivamente de la Septuaginta en su epístola a los Hebreos. Cuándo Pablo usó la palabra Griega sabbatismos en Hebreos 4:9, él sabía que el significado de esta palabra era muy conocida por los creyentes Griego-parlantes de ese día. La forma del verbo sabbatizo fue usada en la Septuaginta, que era tan familiar para los creyentes del tiempo del Nuevo Testamento. El Léxico Inglés-Griego de la Septuaginta define sabbatizo como “guardar el día de reposo", para descansar” (Lust, Eynikel, Hauspie). El uso del verbo sabbatizo en Levítico 23:32 de la Septuaginta no deja lugar a error sobre su significado. Aquí está la traducción:“ [el Día de la Expiación] Será un día de Reposo santo [literalmente, “un Reposo de Reposos”] para ti; y afligirás tu alma, en el noveno día del mes: desde el anochecer hasta el siguiente anochecer guardaran el día de Reposo” (La Septuaginta Con el Apocrypha, Brenton). La cláusula “guardarán sus días de Reposo” es traducido de las palabras Griegas, sabbatieite ta sabbata que literalmente significa , “Guardarás los días de Reposo.” El verbo Griego sabbatieite, que significa “guardarás,” es la segunda persona plural de la formación del verbo sabbatizo. Como el verbo sabbatizo significa “guardar el día de Reposo,” este verbo se aplica no sólo al día de Reposo semanal y a los días de Reposo anuales de Dios, sino también a la orden de Dios del reposo de cosechar la tierra cada siete años. A lo largo de la Septuaginta, el verbo sabbatizo es usado en relación a guardar el día de Reposo y reposar sólo el Sábado. De acuerdo con esta definición, la Reina Valera traduce sabbatieite en Levítico 23:32 como “guardareis vuestro reposo.” No hay ninguna duda que esta forma del verbo Griego sabbatizo se refiere específicamente a la observancia del día de Reposo. Este significado se aplica igualmente a la forma del sustantivo; sabbatismos, que encontramos en la epístola de Pablo a los Hebreos. El hecho de que Pablo use la traducción Septuaginta en esta epístola confirma que el significado de la palabra Griega sabbatismos en Hebreos 4:9 está en el completo acuerdo con el significado de sabbatieite en Levítico 23:32. Pablo está claramente confirmando la observancia del día de Reposo, el séptimo día de la semana-Sábado. El uso de la palabra Griega sabbatismos en Hebreos 4:9 contradice la enseñanza de que el Cuarto Mandamiento ha sido abolido. Como muestra el contexto de este verso, la observancia del séptimo día como un día de descanso y culto es como una vinculación para el pueblo de Dios hoy, día como lo fue para el Israel antiguo. Además del día de Reposo semanal, los días santos anuales que Dios ordenó, los que son llamados también días de Reposo, están incluidos en el Cuarto Mandamiento. En la misma forma que los verdaderos creyentes son ordenados a guardar el séptimo día de Reposo, ellos son ordenados también a observar los días santos anuales de Dios. Las primeras iglesias del Nuevo Testamento observaron los días santos de Dios, como está determinado por el calculado Calendario Hebreo. El apóstol Pablo guardó los días santos y ordenó a los Gentiles conversos a guardarlos (I Corintios 5:7-8). Ninguno de los apóstoles ni los primeros conversos a la Cristiandad observaron las fiestas paganas que ahora se llaman Navidad y Pascua (Easter). Estas fiestas, que se originaron en el culto al sol, fueron adoptadas luego en la Cristiandad a través de la influencia de la iglesia Romana. Ellas se convirtieron en falsas substitutas de los días santos anuales que son ordenados por Dios, así como el domingo se ha convertido en un falso substituto del sábado semanal. (Si el lector desea saber más acerca del día de Reposo-Sábado y los días santos de Dios, escriba por favor al editor a la dirección mencionada más abajo). Como la iglesia Romana triunfó en subvertir la observancia del Cuarto Mandamiento por los Cristianos, así mismo triunfó en subvertir la observancia del Segundo Mandamiento, que prohíbe el uso de ídolos e imágenes en el culto. No hay ambigüedad en la redacción de esta orden de Dios: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy el SEÑOR tu Dios fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen; y hago misericordia a millares, a los que me aman, y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:4-6). Como este mandamiento es tan claro en su condenación de ídolos e imágenes, la iglesia Romana lo ha quitado de su lista de los Diez Mandamientos en todos sus catecismos. A fin de suplir el mandamiento removido, ellos han dividido el Décimo Mandamiento en dos mandamientos. Aunque ellos hayan quitado oficialmente el Segundo Mandamiento de sus catecismos, porque no pueden justificar su uso ilegal de ídolos e imágenes, el texto completo del Segundo Mandamiento permanece en sus aprobadas Biblias como un testimonio contra su idolatría. El Segundo Mandamiento hace absolutamente claro que Dios aborrece el uso de ídolos e imágenes de cualquier clase por Su gente. Aún las iglesias de profesada Cristiandad están llenas de ídolos, imágenes y retratos. Pero ninguna iglesia, por más magnífica que pueda ser en el mundo, puede justificar el uso de ídolos e imágenes en su culto cuando Dios ha prohibido estrictamente esta práctica. Dios el Padre y Jesucristo no se les puede venerar por ídolos ni imágenes. Ni Dios tolera el uso de imágenes para venerar y adorar a otras personas o seres. El culto de María y la veneración a los apóstoles y a otros santos no tiene no lugar en la verdadera Cristiandad ni se encuentra en la Palabra de Dios. Todos esos cultos están estrictamente prohibidos por el Segundo Mandamiento. Es una flagrante idolatría el venerar a cualquier persona o ser además de o en lugar de Dios. El apóstol Pablo advirtió a los creyentes de su tiempo que aquellos que toman parte en la idolatría sufrirán el juicio de Dios, como lo sufrieron los antiguos Israelitas que cometieron este pecado. Note lo que Pablo le escribió a los creyentes en Corintios, que estaban siendo tentados a volver a su idolatría anterior, como Israel había vuelto a la idolatría de Egipto: “Ni seáis idólatras, como algunos de ellos; según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y beber, y se levantó a jugar.’ Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día, veintitrés mil. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos que lo tentaron, perecieron por las serpientes.. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría” (1 Corintios 10:7-9,14). Las advertencias de Pablo a los Corintios hace bien claro que el Segundo Mandamiento está aún vigente. Es aún más vinculante bajo el Nuevo Pacto que lo fue en el Antiguo, porque Jesús lo ha magnificado por su ejemplo y su enseñanza. El culto de Dios en el espíritu y en la verdad requiere amar a Dios con todo el corazón y la mente. El verdadero culto al Dios Padre y a Su Hijo Jesucristo no deja lugar en el corazón y en la mente para venerar a otros. Como lo expone la Escritura, la idolatría comienza en la mente y en el corazón. Note las palabras de Dios en el libro de Ezequiel: “Vinieron a mi algunos de los ancianos de Israel, y se sentaron delante de mi. Y vino a mi la palabra del SEÑOR diciendo: ‘Hijo del hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro ¿Acaso he de ser yo en modo alguno consultado por ellos? Háblales, por tanto, y diles: “Así ha dicho Jehová el Señor: cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro y viniere al profeta; yo el SEÑOR responderé al que viniere conforme a la multitud de sus ídolos; para tomar a la casa de Israel por el corazón, ya que se han apartado de mi todos ellos por sus ídolos." "Por tanto, dí a la casa de Israel: “Así dice Jehová el Señor: Convertíos, y volveos de vuestros ídolos; y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones. Porque cualquier hombre de la casa de Israel, y de los extranjeros que moran en Israel, que se hubiere apartado de andar en pos de mí, y hubiere puestos sus ídolos en su corazón, y establecido delante de su rostro el tropiezo de su maldad, y viniere al profeta para preguntarle por mi, yo el SEÑOR le responderé por mi mismo; y pondré mi rostro contra aquel hombre, y lo pondré por señal y escarmiento; y lo cortaré de en medio de mi pueblo; y sabréis que yo soy el SEÑOR” (Ezequiel 14:1-8). Como el antiguo Israel, los creyentes en las iglesias del Nuevo Testamento fueron alejados del verdadero culto de Dios y conducidos al culto de ídolo. Las imágenes de deidades paganas fueron introducidas en las iglesias y las encajaron como representaciones de la madre de Jesús y sus apóstoles. Cada vez mas imágenes eran agregadas, cada una decían que representaba a un santo escogido de Dios. Pero el apóstol Pablo revela el origen verdadero de estos ídolos: “¿Que digo pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos? Antes digo que lo que los Gentiles sacrifican, a los demonios los sacrifican y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. No podéis beber la copa del Señor y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios” (I Corintios 10:19-21). El apóstol Juan entendió el origen pagano de las imágenes que fueron traídas a las primeras iglesias, llevando a muchos creyentes a un culto falso. Hacia el final del primer siglo, Juan escribió tres epístolas diferentes para advertir a los creyentes que permanezcan fiel al verdadero culto de Dios. Al final de su primera epístola, él ordenó, “Hijitos, guardaos de los ídolos” (I Juan 5:21). No hay duda que, en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, cualquier culto de ídolos e imágenes es condenado. Aquellos que enseñan y practican el uso de ídolos e imágenes para venerar a Dios están en directo desafío del Segundo Mandamiento y serán rechazados por Él. Dios el Padre y Jesucristo no compartirán Su gloria y honor con un ídolo. Cualquier tentativa de venerar a Dios a través del uso de un ídolo, o de un objeto físico de cualquier clase, incluyendo rosarios de cuentas o cadena de oraciones, es venerar en vano. El verdadero culto requiere amar a Dios con todo el corazón y la mente, en el espíritu y en la verdad, no dejando ningún lugar para la reverencia ni la devoción a imágenes creadas por las imaginaciones y manos de los hombres. El Espíritu y la Intención de la Ley y los ProfetasEl propósito de la Ley y los Profetas, y de todas las escrituras del Antiguo Testamento era enseñar a la gente a amar y venerar a Dios, y a Él solamente. Jesucristo reveló el espíritu y la intención de la Ley y los Profetas cuando Él fue preguntado cuál era el mandamiento más grande. Note: “Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?’ Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.’ Este es el primero y gran mandamiento. Y el segundo es semejante: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo.’ De estos dos mandamientos depende toda la Ley y los Profetas” (Mateo 22:35-40). Bajo el Nuevo Pacto, el verdadero culto y el amor hacia Dios se hacen posibles a través de la morada del Espíritu Santo, que habilita al creyente a reverenciar a Dios y a obedecerle desde su corazón. Por la fe en Jesucristo y la morada del Espíritu Santo, el creyente aprende a obedecer cada mandamiento de Dios en el completo espíritu y la intención de la ley, magnificada por Jesucristo. Esta es la manera en que cada verdadero creyente estará guardando las leyes y los mandamientos de Dios, porque él o ella ama a Dios Padre y a Jesucristo con todo el corazón, la mente, el alma y sus fuerzas. Esta justicia, que se basa en la fe y el amor, excede la justicia de los escribas y Fariseos. Jesús dijo:"Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20). La justicia que excede la justicia de los escribas y Fariseos es la justicia de Jesucristo, Quien obedeció a todos los mandamientos de Su Padre en todo el espíritu y la intención de la ley. Por la fe, su justicia es imputada a cada creyente que ama a Dios y guarda sus mandamientos. Esta justicia imputada es un obsequio que el creyente recibe por la abundancia de la gracia del Padre. Se llama “la justicia de la fe” porque sólo por fe en Jesucristo es posible tomar parte de esta justicia. La Justicia de Fe del Verdadero CreyenteCuando un creyente es justificado por sus pecados pasados, por la fe en el sacrificio de Jesucristo, y es bautizado por la completa inmersión en el agua, él o ella recibe el don del Espíritu Santo como un hijo engendrado del Dios Padre. Luego el Padre le imputa al creyente la misma justicia de Jesucristo, que “...la gracia reine por la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor” (Romanos 5:21). La justicia de Jesucristo, que es imputada al creyente por el Dios Padre, excede la justicia requerida por la letra de la ley. Su obediencia espiritual fue tan perfecta, pura e incondicional que Él siempre hizo las cosas que complacieron al Dios Padre. Esta justicia perfecta fue cumplida a través del poder del Espíritu Santo, que Jesús recibió sin medida del Padre. Por su ejemplo personal y sus enseñanzas, Jesús magnificó las leyes y los mandamientos de Dios y reveló la plenitud de su intención y significado. Él mostró que el espíritu de la ley no anula la letra de la ley pero requiere la total obediencia espiritual. Esta obediencia espiritual está más allá de la capacidad natural de la mente humana y sólo podrá ser lograda a través de Jesucristo. Las Escrituras revelan que cuando el creyente es engendrado con el Espíritu Santo del Dios Padre, él o ella comienza a recibir la misma mente de Cristo. Con la mente de Cristo, el creyente es reforzado para vivir por cada palabra de Dios en el completo espíritu de la ley. El apóstol Pablo describe esta transformación espiritual en la mente “...Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27). Cada creyente comienza a tener las leyes y los mandamientos de Dios escritos en su mente: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios. De ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:‘Este es el pacto que haré con ellos. Después aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones “(Hebreos 10:12-17). Bajo el Nuevo Pacto las leyes y los mandamientos de Dios están inscritos en la mente de cada creyente a través del don del Espíritu Santo, el cual da al creyente el poder de traer a la luz los frutos de la justicia hacia la vida de eterna. Rechazar los Mandamientos de Dios Es Una TransgresiónEn el Sermón del Monte, Jesús no dejó ninguna duda de que los mandamientos de Dios deberán ser enseñados y practicados no sólo en la letra de la ley sino en el espíritu de la ley. Cualquiera que enseña que Jesucristo abolió las leyes y los mandamientos de Dios es un mentiroso. Cuando Él estaba terminando el Sermón en el Monte Jesús advirtió que los falsos profetas enseñarían que obediencia a los mandamientos y a leyes de Dios ya no eran requeridos: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. . . Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: ‘Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre echamos fuera demonios y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad “(Mateo 7:15, 20-23). Estos profetas y maestros no son de Dios a pesar del hecho que ellos usan el nombre de Jesús, y lo llaman Señor, e incluso hacen obras maravillosas en su nombre. Ellos se presentan como sus ministros y predicadores de la verdad, pero en realidad ellos están sirviendo al dios de este mundo, Satanás el diablo, quien rechazó los mandamientos de Dios desde el principio. Todos los que enseñan la desobediencia a las leyes y a los mandamientos de Dios están siguiendo los pasos de Satanás, quien fue el primer transgresor de la ley. Es por eso qué Jesús le dijo a los Fariseos que su padre era el diablo. Mientras profesaban enseñar y practicar las leyes y los mandamientos de Dios, ellos enseñaban y practicaban sus propias leyes religiosas y las tradiciones en lugar de los mandamientos de Dios. Durante Su ministerio, Jesús condenó a los líderes religiosos del Judaísmo por sus tradiciones, que las tenían en más alta estima que las leyes y los mandamientos de Dios. Él lo hizo bien claro que al observar sus propias tradiciones humanas, ellos rechazaban los mandamientos de Dios: “...Le preguntaron, pues, los Fariseos y los escribas, ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas [no lavadas]?’ Respondiendo, Él les dijo: ‘Bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito, “Este pueblo de labios me honra, más su corazón está muy lejos de mí.” Pues en vano me honran. Enseñando como doctrinas mandamiento de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber y hacéis otras cosas semejantes.’ “Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios, para guardar vuestra tradición. Porque Moisés dijo, “Honra a tu padre y a tu madre; y, “El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.” Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o la madre. Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas “ (Marcos 7:5-13). La mayoría de los que profesan ser Cristianos en el mundo han cometido el mismo error que los Judíos Farisaicos. Muchas denominaciones de iglesias enseñan que la revelación divina esta contenida en la tradición de la iglesia así como también en la Sagradas Escrituras. En la mayoría de las iglesias, los líderes religiosos elevan sus tradiciones a una posición más alta que la Palabra de Dios. Es evidente que ellos lo han hecho así con el Cuarto Mandamiento. Ellos han exaltado su tradición no Bíblicas de guardar el domingo sobre el mandamiento del Sábado de Dios. Al rechazar Su mandamiento de guardar santo el día de Reposo, se han convertido en transgresores de la ley ante sus ojos. Según las enseñanzas de Jesús, ellos son hacedores de maldad. Igualmente, esas iglesias que usan cualquier forma de ídolos—incluyendo estatuas, retratos, reliquias, iconos u otros objetos simbólicos—rechazan el Segundo Mandamiento por amor a su tradición. Porque ellos están infringiendo el mandamiento de Dios, ellos son culpables de practicar maldades. En su primera epístola, el apóstol Juan define claramente la transgresión:" Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley, pues el pecado es la infracción de la ley” (I Juan 3:4). Aunque esta es una traducción correcta, no transmite el significado literal del texto griego. Aquí está una traducción más precisa de las palabras de Juan: “Cualquiera que practica el pecado está también practicando maldad, porque el pecado es maldad.” Practicar maldad es vivir en un estado de pecado, cometer pecado como una forma habitual de vida. En otras palabras, maldad es el habitual quebrantamiento de las leyes y los mandamientos de Dios que es el pecado. Los líderes religiosos que enseñan y practican las maldades aparentar ser justos, porque ellos usan los nombres de Dios y Jesucristo y a menudo citan las Escrituras. Sin embargo, ellos no son verdaderos siervos de Dios porque ellos rechazan sus leyes y los mandamientos. El apóstol Judas, el hermano de Jesucristo, presenció la ascensión de la anarquía entre las iglesias de su tiempo. Judas entregó una súplica urgente a los creyentes para que rechacen a los maestros impíos de la anarquía, quienes estaban convirtiendo la gracia de Dios en licencia para pecar predicando un evangelio falso de fe sin obediencia, y reemplazando los mandamientos de Dios con las tradiciones que se originaron en el antiguo paganismo. Note lo que Judas escribió: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándolos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 3-4). El apóstol Pedro advirtió también de maestros falsos que rechazarían el camino de obediencia a los mandamientos de Dios, como fue enseñado y practicado por Jesucristo: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aún negaran al Señor que los rescató [rechazando Sus enseñanzas], atrayendo sobre si mismos la destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, [exaltando la tradición de la iglesia] por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado” (II Pedro 2:1-2). Los que Rechazan los Mandamientos de DiosSon Juzgado Por la Ley y el LegisladorAquellos que enseñan que los mandamientos de Dios han sido abolidos han hecho presuntuosamente un juicio de las leyes de Dios y las han declarado nulas y sin efecto. Note: “De hecho, toda la ley de Moisés ha sido hecha inoperante. El mensaje del Nuevo Testamento es claro para todos los que tienen ‘oídos para oír.’ Toda la ley de Moisés ha sido hecha inoperante por la muerte del Señor Jesús. La ley, en su totalidad, ya no tiene ninguna inmediata y forense autoridad ni jurisdicción sobre nadie... Cristo es el fin y el cumplimiento completo de todas los 613 mandamientos de las leyes, terminando completamente su jurisdicción sobre nosotros” (Tardo, Sunday Fact & Sabbath Fiction P. 26-27 [Tardo, Las Verdades del Domingo y Ficción sobre el Sábado]). Al anular las leyes de Dios de esta manera, los maestros religiosos de este mundo están negando la autoridad de Dios como Legislador. El apóstol Santiago condena esta actitud impía, que presume juzgar las leyes que Dios ha establecido para toda la humanidad. Note: “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano, y juzga a su hermano, murmura de la ley, y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley; sino juez. Uno sólo es el dador de la ley que puede salvar y perder; pero tú ¿Quién eres para que juzgues a otro?” (Santiago 4:11-12). Los que juzgan las leyes de Dios están, de hecho, usurpando la autoridad de Dios, que es el Único Legislador. Juzgar las leyes y los mandamientos de Dios y rechazarlo como el Legislador es el paradigma de la maldad. Este espíritu de juzgar a Dios y Sus leyes es el espíritu y la actitud de Satanás el diablo, y la fundación de todas las religiones está basadas en las tradiciones y los mandamientos de los hombres. Esta forma de religión se arraiga en la justicia autónoma del ser humano, no en la justicia que Jesucristo enseñó y practicó. El libro de Job mantiene una lección duradera para todo aquellos que exaltan su propia justicia encima de la justicia de Dios. El antiguo patriarca Job se veía así mismo como justo porque él continuamente ofrecía sacrificios a Dios. Sin embargo, él comenzó a exaltarse y confiar en su propia rectitud, en lugar de confiar en Dios. Él se jactaba y alardeaba de su propia rectitud tanto que Dios trajo una serie de pruebas gravosas sobre Job. Después de perder a sus hijos y todas sus posesiones, él fue afectado con furúnculos de la cabeza a los pies. Cuando su prueba fue más de lo que él podía soportar, tres amigos vinieron a visitarlo, pero ellos no le dieron ningún consuelo. Sus amigos comenzaron a acusarlo de acciones impías y lo instaron a arrepentirse a fin de escapar más castigos de Dios. Cuanto más lo condenaban, más Job defendía su propia rectitud. Él comenzó a condenar a Dios y acusarlo de ser injusto y e incorrecto en Sus actos. Cuándo él expresó el deseo de implorar por su causa ante el mismo Dios, el mismo Dios le respondió en persona: “Respondió el SEÑOR a Job desde el torbellino, y dijo: ‘Ciñete ahora como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me responderás . ¿Invalidarás tu también Mi juicio? ¿ Me condenara a Mí para justificarte tú?” (Job 40:6-8). Estas palabras de Dios se aplican también a la justa actitud autónoma que los hacedores de maldad tienen hacia las leyes y los mandamientos de Dios. Ellos invalidan el juicio de Dios clamando que Sus leyes santas, justas y espirituales son malas y severas, y manteniéndolos así en una maldición. Al hacer esto, ellos están condenando a Dios y van a establecer su propia justicia. Porque ellos usan las Escrituras y retienen algunos de los mandamientos de Dios en su justa y autónoma religión, ellos aparentan enseñar el camino a la salvación. Pero sus justas y autónomas tradiciones y la falsa gracia no les traerán la salvación. Como lo aprendió Job, Dios, y sólo Dios, es el Salvador. Él poderosamente le declaró a Job que su propia justicia nunca podría salvarlo: “¿Tienes tú un brazo como el de Dios? ¿Y truenas con voz como la suya? “Adórnate ahora de majestad y de alteza; y vístete de honra y hermosura. Derrama el ardor de tu ira; mira a todo altivo, y abátelo. Mira a todo soberbio, humíllalo; y quebranta a los impíos en su sitio. Encúbrelos a todos juntos en el polvo; Encierra sus rostros en la oscuridad; Y yo también te confesaré que podrá salvarte tu diestra"(versos 9-14). Después de oír estas palabras de Dios, Job se aborreció por su pecado de auto-rectitud y se arrepintió a Dios “en polvo y cenizas” (Job 42:6). Eso es lo que los Cristianos profesantes de este mundo deben hacer. Ellos necesitan abandonar las justas tradiciones autónomas de hombres que han estado practicando y someterse a la justicia del Dios Padre y Jesucristo. Los líderes de la Cristiandad de hoy necesitan recordar las palabras de advertencia que Jesús habló a los escribas y Fariseos durante su ministerio. Como estos justos y autónomos líderes de los Judíos, los líderes de las iglesias Cristianas han adoptado las tradiciones y los dogmas que están en conflicto con los mandamientos de Dios. Un profundo examen de la historia de la Cristiandad mostrará que las doctrinas y las prácticas tradicionales de las iglesias de este mundo no son las enseñanzas de Jesucristo. La verdadera Cristiandad, como fue originalmente enseñada por Jesucristo y sus apóstoles, fue subvertida desde adentro por los falsos maestros de la maldad. Las enseñanzas de estos "hombres impíos” de quienes Judas y Pedro escribieron fueron pasadas a través de los años en las escrituras de los primeros “padres de la iglesia” y fueron aceptadas por la iglesia Romana como tradiciones autoritarias. A través de los siglos la iglesia Romana creció en poder, usando su influencia para apagar con fuerza cada vestigio restante de las verdaderas enseñanzas de Jesucristo. Después de una lucha por el poder entre el obispo de Roma y el obispo de Constantinopla, la iglesia se dividió en la iglesia Católica Romana y la iglesia Ortodoxa Oriental. Como la influencia de la iglesia Ortodoxa dominó el Este, las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana moldearon el pensamiento de todo el mundo Occidental. La autoridad de la doctrina y la tradición Católica no fue seriamente desafiada hasta la época de Martín Lutero. Cuando Martín Lutero rechazó la corrupción y la anarquía de la Iglesia Católica Romana, él parecía estar buscando la verdad de Dios. Él trabajó diligentemente para traducir las Escrituras al idioma Alemán para que la gente común pueda leer y aprender la Palabra de Dios. Pero la religión que se desarrolló como resultado de las enseñanzas de Martín Lutero, conocidas como Luteranismo, no restauraron las verdaderas enseñanzas de Jesucristo. La reformación que Martín Lutero inició nunca fue terminada, porque él rechazó el Segundo y Cuarto Mandamiento. Como resultado, la nueva religión que él fundó comenzó a promover otra forma de anarquía. Lutero enseñó que una persona que había sido salvada por la gracia de Dios no podía perder la salvación, a pesar del grado o la intensidad de los pecados que pueda haber cometido. Esta perversa enseñanza está claramente expresada en una carta escrita por Lutero: “Sé un pecador, y deja que tus pecados sean fuertes, pero permite que tu fe en Cristo sea más fuerte, y regocíjate en Cristo que es el vencedor sobre el pecado, la muerte, y el mundo. Cometeremos pecados mientras estamos aquí, por que esta vida no es un lugar donde la justicia pueda existir.. . Ningún pecado nos puede separar de Él, aun si fuéramos a matar o cometer adulterio mil veces cada día” (Martín Lutero, Saemmtliche Schriften, Carta 99, 1 agosto 1521, traducido por Erika Flores en The Wittenberg, Project, The Wartburg Segment como fue publicado en Grace and Knowledge, Edition 8, septiembre 2000, Artículo “Ecclesiasticus: La Sabiduría de Ben- Sirach,” P. 27). Las palabras de Martín Lutero revelan la profundidad de la maldad a la que muchos líderes religiosos han descendido. Este enseñanza es el paradigma de la pervertida “gracia” que Judas condenó, que rechaza los mandamientos de Dios y otorga licencia para cometer todo lo que es pecado sin limitaciones Las enseñanzas de Lutero con respecto al asesinato y al adulterio son diametralmente opuestas a las enseñanzas de Jesucristo, quien magnificó y expandió grandemente la aplicación del Sexto y Séptimo Mandamiento. Los promotores de la maldad han triunfado al engañar a la vasta mayoría de Cristianos profesantes en aceptar una gracia falsa. Como lo expone el Nuevo Testamento, esta retorcida opinión de gracia no conduce a la salvación. En el Día del Juicio, los maestros de la maldad, que han sido honrados como líderes religiosos y han hecho aún actos dignos de mencionarse en el nombre de Jesucristo, serán rechazados: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: 'Nunca os conocí; Apartaos de Mí, hacedores de maldad “(Mateo 7:22-23). Los hacedores de maldad partirán al lago del fuego para sufrir el juicio de la muerte eterna, de la que no hay resurrección: “Pero los cobardes, e incrédulos, los abominables, y homicidas, los fornicarios, y hechiceros, los idólatras, y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre; que es la segunda muerte” (Apocalipsis. 21:8). Durante su ministerio, Jesús declaró que los que rehúsan oír sus enseñanzas serán juzgados por las palabras que Él había hablado. Note: “Entonces Jesús clamó y dijo, ‘El que cree en mí no cree en mí, sino en El que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Al que oye mis palabras y no las guarda, yo le juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que rechaza y no recibe mis palabras tienen quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella lo juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre, que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12:44-50). Las enseñanzas de Jesucristo, como están registradas en el Sermón del Monte, lleva la total autoridad del Dios Padre: “Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de Su doctrina; porque Él les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:28-29). En el Sermón del Monte Jesús enseñó toda la intención y la aplicación de las leyes y los mandamientos de Dios, que es el estándar espiritual para el Nuevo Pacto. Este es el estándar por el cual cada verdadero creyente está ahora siendo juzgado, y por el cual toda la humanidad será finalmente juzgada. ********************************* Iglesia de Dios Cristiana y Bíblica P.O. Box 1442 Hollister, California 95024-1442 |
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